martes, 23 de junio de 2026

La era de la oscuridad XII

XII 

Los siguientes días en la Villa fueron de tranquilidad, Teseo había encontrado en Teresa una mujer distinta, no era aquella imagen hermética y fría sino un ser desterrado inesperadamente convertido en una mujer cercana y cálida.

 

Entre tanto en Andinia se intensificaron los patrullajes, según información de Morales sacada después de varios días de tortura y soledad en una celda sucia de intensa oscuridad en los calabozos de la PJB, dos muchachos de El Progreso fueron señalados de vínculos con los Blanco; después de una semana de recorrer noches enteras por la zona comercial identificaron a uno de los sindicados llamado William Cardona, un trabajador de la construcción de las oficinas de administración. 

Así que estaba al lado nuestro y no lo detectamos —meditaba, el comandante Miller— ¡maldito Corredor eres un incompetente! —exclamó en voz alta en la soledad de su oficina— en algo no se equivoca Doble Ele, tengo que apartarme de él como sea. 

En ese momento el sargento Corredor entró en su oficina.

Señor ya lo ubicamos, vive en El Progreso; todos los días acompaña a una muchacha de La Marea, siempre va acompañado por un tal Fabio Guzmán y otra muchacha, de ellas todavía no tengo nombres, lo que tengo confirmado es que las escoltan hasta el barrio donde viven —contó, Corredor, con la boca llena de orgullo— también sé que nunca cambian su rumbo.

—¿Qué está esperando hombre?, aproveche, necesito a esos cuatro aquí, un golpe así me urge para aplacar el auge que están tomando los Blanco.

—¡Sí, señor! —gritó, el sargento.

Miller estaba pensativo y antes de la salida de Corredor dijo algo más:

Mejor espere, hoy no; hágalo el día que le dé la gana, pero sin que nadie sepa para evitar los sapos de este cuartel.

—¡Claro, señor! 

Corredor salió de la oficina junto a su hombre de confianza, el cabo Márquez.

Mañana planeamos todo, esta vez nadie sabrá nada para que no haya fallas, sólo usted que es mi hombre de confianza estará enterado —comentó— ´por ahora vaya al cuartel e identifique a los mejores hombres, los más leales, con ellos hacemos el operativo; vaya confío en su capacidad.

Miller desde su oficina veía al militar retirarse.

—Velázquez, necesito librarme de Corredor, la tropa debe andar a mi ritmo, ese sargento no hace bueno a la moral de las FMA y además acaba con mi paciencia; no quiero otra vez a Doble Ele con sus estupideces, suficiente tuve con la otra vez; le aseguro que si aparece por aquí lo hago arrestar, por eso prefiero eliminar al sargento Corredor y le quito cualquier pretexto para volver.

—¿Y si viene con el cuento de felicitarlo por la decisión?

—Lo mato para arrancar el problema de raíz, no lo dude.

 

Velásquez miró al comandante con recelo, en su rostro se adivinaba una temeridad inquebrantable; Miller era reconocido defensor de a la Asamblea, para él no había rango, si le parecía que un oficial era un peligro lo eliminaba sin pensarlo dos veces; para Velásquez el comandante fue claro en sus intenciones, ojala nunca venga Doble Ele, nada bueno lo espera, pensó; por otra parte, el asunto de Corredor estaba decidido, difícilmente volvería a verlo en esa oficina. 

A la mañana siguiente llegó un grupo de hombres de un camuflado diferente al de las FMA de Andinia, efectivos militares de un grupo especial solicitado por Miller al comando central; también apareció un tal general Andrade, luciendo un uniforme completamente negro y una insignia de PJB en una de las mangas; apenas llegaron se reunieron con Miller a puerta cerrada; al finalizar el grupo fue escoltado a un pabellón recién construido, por su parte Andrade se quedó en la oficina de Miller.

—Llegó el fin de los Blanco —dijo, Andrade, sentado delante del escritorio de Miller con una copa en la mano— pasó algún tiempo, pero al final conocemos lo necesario para detener las acciones de los Blanco, después del martes no quedará ninguno, de eso me encargo yo; por cierto Gerardo, no quiero nada de intromisiones de sus hombres, espero que haya quedado entendido.

Miller no se inmutó, aquel hombre era un mal necesario, tenía la ventaja de conocer las identificaciones de los Blanco; por el momento estaba maniatado, pero esperaba superar esa situación.

—Claro Andrade, pero no se pase, la PJB es muy importante para la Asamblea, pero las FMA están al mando en Andinia.

—Gerardo, mi intención no es invadir su espacio, Andinia es suya, a mí no me importa tomar un lugar como este, mediocre y perdido en medio de un pasado que parece no abandonarlo; bien dice, es su dominio y su tumba también.

—No se confíe, este pueblo tiene algo maléfico, destroza todo lo que no se acomoda a su hábitat, pero yo sigo aquí, he sobrevivido a este pequeño infierno, no sabemos si usted lo logre así que guarde sus calificativos para cuando esté bebiendo vino con Doble Ele; si se equivoca con este maldito pueblo corre el riesgo de no salir vivo.

—¿Me amenaza?

Miller se rio de buena gana.

—Mis amenazas son lo de menos, es de Andinia que se debe cuidar.

Andrade no comentó nada, empezaba a confirmar la información de Doble Ele: el comandante Gerardo Miller había enloquecido.

—Mañana saludo a la PJB de Andinia; ¡que estén listos a primera hora!

—Como diga general —aceptó, Miller. 

Cuando el general Andrade salió un llamado inmediato hizo aparecer al capitán Penagos encargado de la PJB de Andinia.

—Siga capitán, necesito su ayuda: quiero que tenga vigilado a Andrade, cumpla con sus órdenes, pero no se meta en ninguna de sus actividades ni siquiera si está en peligro.

—¿Cómo, comandante?

—Que no se meta en nada; seguramente desde mañana será el segundo al mando de la PJB, gane su confianza, pero no se olvide que Andrade se marcha y usted se quedará aquí; no soy su superior en la PJB, pero sí quien manda en Andinia, viva tranquilo, no se busque problemas.

—No se preocupe Miller, nadie podrá decir que salve la vida de Andrade, además, siempre hay accidentes.

—Penagos, Penagos, me gusta su compromiso con Andinia; ahora vaya que mañana debe madrugar con sus hombres y presentarse a primera hora en el patio del cuartel.

Cuando salía Penagos se encontró con el capitán Velásquez que entraba deprisa.

—Ah, qué bueno que haya venido, lo necesitaba.

—Dígame, señor.

—El grupo que llegó está bajo mi mando, es urgente que les enseñe este pueblo de mierda y todos sus alrededores, necesito que puedan moverse solos inmediatamente; los voy a requerir más pronto de lo previsto. 

Mientras todos los mandos del cuartel de la Asamblea conspiraban entre sí en el pueblo se había disminuido la severidad de las prohibiciones, cada día se veía más tránsito en la calle sin intervención militar de ningún tipo, esa laxitud hizo olvidar la prudencia de algunos Blanco; William y Fabio eran los más jóvenes a la vez más imprudentes, a pesar de las múltiples recomendaciones no dejaban su paseo nocturno desde su trabajo hasta La Marea donde vivía Amalia para después regresar a El Progreso donde vivían. 

Pasadas dos noches Corredor se disponía a ejecutar su plan, se sentía afortunado porque aparte del frío de la noche la oscuridad tenía una intensidad inusual; con mucha cautela salió del cuartel en un camión con treinta hombres, no muy contento por el trabajo de Márquez, parecía no haber puesto atención en aquellos soldados desaliñados en su uniforme y bastante indisciplinados; con desagrado decidió aclarar las cosas antes de enfrentar la redada.

—Un momento, los necesito en formación de inmediato—gritó.

Algunos no le hicieron caso, en especial un flaco de risa burlona y especial ordinariez.

—¿Acaso no me escuchó, soldado? —gritó, otra vez, Corredor.

El soldado no le hizo caso, para desgracia suya no sólo ignoró la orden, se puso a hacer monerías en la formación; Corredor estaba salido de sus cabales, se fue acercando con sigilo y una vez estuvo a su alcance le dio con el fusil en el vientre, el flaco cayó estrepitosamente, cuando tocó el suelo no pudo levantarse más porque el sargento empezó a golpearlo con la culata del fusil, rápidamente empezó a brotar la sangre de la cabeza del soldado y no paró hasta destrozarla.

—¡Soldados! —gritó, al ver el cuerpo inerte del flaco— ¿alguien más tiene algo que decir contra mis órdenes?, al parecer Márquez escogió a los peores soldados y como no tengo tiempo para entrenarlos les acabo de dar una razón para no desobedecerme, ¡entendido!; ahora quiero que se arreglen su uniforme y se formen en completo silencio.

Esta vez la orden no se hizo esperar, en segundos la tropa estaba arreglada y formada.

—¡Suban al camión y que alguien busque al desgraciado de Márquez! —aulló, el sargento, rojo de la rabia. 

Eran cerca de las siete, hora cuando iniciaba la prohibición de circular por Andinia, los soldados salieron por un costado del parque y se dirigieron a la zona comercial; por acuerdos con los propietarios de los locales se había aprobado una hora más para funcionamiento de los almacenes razón por la cual había muchos transeúntes; los cuatro amigos caminaban contentos, una vez superada la zona comercial estaban cerca de La Marea, un lugar seguro por la falta de patrullajes de las FMA; al pasar frente al local donde trabaja Vito lo saludaron sin detenerse, iban riendo de todo; antes de tomar el camino a La Marea un camión de las FMA paró frente a ellos, al verlo trataron de ocultarse entre los clientes bulliciosos de los comercios abiertos a esa hora; los hombres formaron alrededor de los ciudadanos y los detuvieron sin ninguna excepción, solamente se salvaron los comerciantes ocultos en sus negocios entre ellos Vito ocupado en el interior del almacén de Dorian; todos quedaron acorralados contra la pared, algunos empezaron a llorar.

Corredor hablo:

—Nadie quiere hacerle daño a nadie, no es necesario el llanto que escucho; venimos en son de paz, solamente buscamos a los simpatizante de los tales Blanco y como sé que ustedes no están con ese grupo pueden demostrarlo denunciándolos; ¿quién habla primero?, le prometo que habrá protección para el que los señale; es mejor que lo hagan para salvarse, puede ser que tengamos mala información y arrestemos a algunos inocentes; repito la pregunta: ¿quién quiere hablar?

El ambiente era horrible, el temblor de los cuerpos era generalizado, nadie decía nada por miedo a Corredor, no era de fiar, fácilmente los podía matar si no le gustaba su confesión.

—Al parecer no quiere salvarse, entonces los voy a arrestar a todos para entregarlos a la PJB, ellos no tendrán problema en hacerlos hablar.

Algunos alzaron la mano sin tener nada para decir, sólo como un intento de salvarse, la mayoría en el interrogatorio demostró no tener idea; Corredor empezaba a impacientarse, finalmente uno señaló a los cuatro muchachos.

Yo sé quiénes son de los Blancos.

—¡Hable! —grito, uno de los soldados.

Hubo una pausa llena de incertidumbre.

—Los dos que están allá se reúnen en la llamada casa de la loma.

—¿La casa de la loma?, ¿qué es eso? —preguntó, extrañado, Corredor.

—¡El cuartel de los Blanco! 

Corredor dirigió su mirada sobre los señalados.

—¡Tráigame a esos dos! gritó— y que alguien me diga dónde diablos está Márquez.

Sus hombres se miraron entre sí como si buscaran la respuesta en su compañero, no la habían visto desde la mañana, algo extraño por la cercanía con el sargento a la hora de ejecutar sus acciones; sin embargo, aquella noche no estaba presente a pesar haber planeado la redada juntos varios días atrás.

—¡Maldita sea!, busque a ese pendejo y dígale que le ordeno se presente inmediatamente ante mí —ordenó a unos de sus hombres.

Cuando William y Fabio estuvieron a su lado el sargento los escrutó con cierta curiosidad benévola, no podía creer que esos muchachitos fueran un peligro para la Asamblea, de hecho se sintió tentado a liberarlos con algún pretexto, siempre había sido un hombre irreflexivo sin sentimientos notorios, pero se sentía cansado de todo y últimamente no la hallaba gusto a matar sin sentido como en viejos tiempos.

Si me dan un nombre de los jefes quedan en libertad, no se metan en líos, ustedes me cayeron bien y lo último que quiero es hacerles daño. 

La situación era crítica para los dos jóvenes; el frio de las noches de Andinia era más intenso, la derrota estaba en el ambiente, sólo el sonido metálico de los fusiles interrumpía la agonía general; de improviso un carro negro con los vidrios oscuros se detuvo al lado del camión y bajaron varios de los comandos recién llegados al pueblo.

—Señores no es necesaria su presencia, todo está dominado, pueden decirle a Miller que esté tranquilo, esta noche no habrá errores —dijo, Corredor, con un guiño extrañamente alegre nunca demostrado, a lo mejor la única vez que su sonrisa fue sincera en la vida.

Los hombres no dijeron nada, simplemente a una orden cargaron sus armas e iniciaron una masacre; indiscriminadamente asesinaron a todos sin consideraciones, el primero en caer fue Corredor, en seguida se desplomaron los dos muchachos parados a su lado, luego cayeron soldados y civiles; cuando observaron los cuerpos sin movimiento subieron al carro, retirándose a toda prisa. 

Después de un largo rato Susana reaccionó, con mucha dificultad pudo mover los cuerpos que estaban encima de su humanidad, el dolor profundo de su brazo no era tan mortificante como la sangre que escurría de los seres inertes sobre ella; se liberó, pero no tuvo ánimos para incorporarse, se quedó recostada, apretaba su brazo con la mano contraria para ocultar su herida; un enajenamiento inexplicable se dibujaba en su rostro, parecía perdida entre la niebla de la desgracia sin emitir palabra y un llanto silencioso se apodero de su alma. 

Amalia también se movió, sentía una punzada insoportable en su pierna, aunque quedó detrás de varios civiles un proyectil había impactado en su muslo, destrozando el músculo; a punta de vehemencia se pudo liberar de los cuerpos a su derredor, prefirió ignorar el intenso dolor de su herida para ocuparse de identificar a sus amigos; cuando descubrió el cuerpo de Fabio se estremeció e intentó llegar hasta él, pero no le fue posible, el músculo estaba tan dañado que le era insostenible cualquier paso; lo intentó una vez, desplomándose enseguida.

—¡Ayúdelo por favor, está herido!, ¡ayúdelo! —gritaba, desesperada, sin poderse mover, suplicante con la mano en alto, aunque sabía que estaba rodeada de muertos. 

Nada se escuchó, ninguna puerta se abrió, todos adentro de sus casas o comercios indiferentes o asustados, impotentes por imposición de la Asamblea, miserables por decisión propia, resueltos a ser testigos mudos detrás de los cristales de las ventanas ocultos entre las cortinas; la falta de respuesta a sus ruegos desesperaba a Amalia que se arrastraba lastimosamente para llegar donde Fabio; tampoco Vito había salido, estaba conmocionado, era la segunda vez que asistía a un asesinato de amigos, no podía superarlo, era mucha la sangre corrida, muchas vidas perdidas, estaba a punto de desfallecer, más no, más no, repetía sin sentido extraviado en sus pensamientos. 

Amalia al fin pudo llegar ante el cuerpo agonizante de Fabio, lo trató de abrazar sin lograrlo por los borbotones de sangre emanados del vientre del joven; inmersa en su desesperación se imaginaba detener la hemorragia con su mano temblorosa, pero el líquido vital no paraba.

—¡No!, ¡no!, ¡no! —gemía vencida; no decía otra cosa, seguramente porque no había palabras para esa locura, sólo meneaba la cabeza a la espera de un milagro, cediendo de a poco a la única verdad posible, el fin de la vida. 

Fabio entre tinieblas pudo diferenciar el rostro lleno de sangre de Amalia, le pareció hermoso y alcanzó a sonreír, ella se topó con esa mirada melancólica, pero inesperadamente tranquila.

—Maldito desgraciado no te vayas, no me hagas esto —pudo decir ahogada en llanto.

Él comprendía su imposibilidad de articular vocablo, si algo debió decirle ya no había tiempo así que conservó su sonrisa como si le confesara su agradecimiento por estar ahí; no quería morir en medio de una tragedia, estaba dispuesto a iluminar un momento aciago al lado de ella, morirse viendo su desesperación no era justo: trató de alzar la mano, pero sus fuerzas no dieron, entonces Amalia estiró la suya para tomársela con delicadeza no por precaución de hacerle daño sino para demostrarle su afecto; Fabio la miró con tranquilidad, movió su cabeza levemente, ella lo entendió, dejó relucir una sonrisa tímida, pero sonrisa al fin y al cabo para su amigo; hasta en los peores momentos el hombre es capaz de demostrar alegría aunque sea con gestos imperceptibles porque la dicha se dibuja en la mirada. 

Pasó un tiempo infinito, el rostro de piel quemada por los días vividos de Amalia estaba lleno de sangre diluida por lágrimas, a pesar de todo se había tranquilizado después de comprender la llegada del inminente final, le quedaban breves instantes para regalar a Fabio el derecho a morir en paz; exhausta por el esfuerzo dejó caer su cabeza en el pecho del joven, dejando de detener la sangre de la herida para posar su mano en aquel corazón a punto de apagarse, quería sentir hasta el último palpitar de su amigo, un recuerdo imposible de enajenar; de pronto los estertores de la muerte acudieron, Amalia no dejaba de apretar la mano del muchacho sobre su pecho convulso cuando sintió un movimiento abrupto, alzó la cabeza levemente y pudo diferenciar la mirada de despedida, una minúscula sonrisa de agradecimiento, una adiós irremediable, un último segundo antes de dejar de latir; Amalia sintió que la muerte partía su vida en dos. 

Por fin se escucharon pasos en el silencioso lugar.

—¡Puta Asamblea! grito, Vito; la llegada de Teseo le permitió recomponerse.

Amalia no sabía cómo actuar, estaba imbuida en la desgracia, con sus manos apretadas, trémula en medio de su enajenamiento parecía mover su cabeza sin sentido, sin llorar, con la mirada perdida en un punto de la pared sucia; se había incorporado ya no era necesario insistir porque aunque lo hiciera infinitamente el corazón de Fabio no volvería más.

—Trae una cobija —pidió, desesperado, Vito. 

Teseo sacó del negocio una manta e intento ponerla sobre el cuerpo de Amalia, pero ella lo rechazó violentamente, aturdido se alejó, entonces Helena tocó su hombro y lo hizo a un lado con amabilidad, lentamente se acercó a Amalia y la arropó, su calor afable produjo seguridad en la chica, se dejó cobijar sin oponer resistencia antes de acurrucarse sobre el pecho de su protectora. 

Todos los sucesos de ese día desconcertaron a Teseo, sin quererlo trajo a su memoria la visión de Teresa y al repasarla todo se repetía sin variaciones, eso lo desconsoló porque entendió la profundidad de sus palabras: es nuestro destino, después vendrá tu triunfo y mi final; Teresa no era inmortal, irremediablemente la iba a perder.


viernes, 5 de junio de 2026

La era de la oscuridad XI

XI 

Los días pasaban tensos para todos los integrantes de los Blanco, la disposición de los jefes de impedir nuevas reuniones en la casa de la loma los tenía en ascuas, no había información sobre el plan para el ingreso de las armas, ni la situación de los encargados de ejecutarlo, adicionalmente la Asamblea había endurecido sus redadas, prohibiendo cualquier movimiento a partir de las siete de la noche; nadie se atrevía a desobedecer ante la advertencia escalofriante de dos cuerpos flotando en el rio, muchachos de El Progreso retrasados al regresar al barrio de sus trabajos; en la zona comercial fueron detenidos por las FMA al mando del sargento Corredor, no aceptaron ninguna explicación, los acusaron de conspirar en contra de la Asamblea y fueron llevados a los calabozos del edificio de gobierno; no fue necesario torturarlos, en sus gestos de terror y la mirada suplicante se adivinaba su desconocimiento de algún evento relacionado con los Blanco, pero como las órdenes de la Asamblea se deben cumplir se aceleró el interrogatorio para terminar con el asunto y lanzarlos en las aguas tenebrosa por la oscuridad de la noche. 

La noche cuando inició la prohibición los Blanco ya estaban alertados, una vez el capitán Velásquez llevó la información a la emisora del gobierno el locutor la filtró a varios Blanco entre ellos Verónica para que lo comunicara en El Progreso, Amalia en La Marea, el padre Lucio a los de Andinia y al loco de Puerto Tristeza en la Villa, eso hizo aumentar las precauciones; a pesar de todo Teseo seguía inquieto, la preocupación por alguna imprudencia lo preocupaba. 

Después del suceso de los cuerpos los trabajadores salían a la hora precisa con el tiempo suficiente para estar en el barrio antes de las siete; algunos Blanco regresaban en grupo charlando a su casa a pesar de la alerta del locutor, inicialmente hubo una recriminación de parte de Teseo, pero con el paso de los días las advertencias se volvieron frases sin sentido y dejó de hacerlas, finalmente cada uno era consciente del peligro, el arresto lo sufrirían ellos, pero a costa de poner en riesgo toda la operación porque para soportar las torturas de la PJB era necesario algo adicional a la valentía; a Vito, Teseo y Arturo no les quedó otra que esperar con la esperanza puesta en la prudencia de los muchachos. 

Álvaro estaba desaparecido, no se conocía su paradero, Vito visitaba constantemente al padre Lucio después de salir de un pequeño trabajo como vendedor en una tienda de la zona comercial; después del suceso con el Turco el almacén tenía nueva administración, Dorian asumió su control, pero como nunca estaba en Andinia por su trabajo itinerante contrató a Vito para que lo manejara; Arturo seguía en su trabajo al frente de Luna Blanca. La mayoría de los muchachos de los barrios se ocupaban en alguna actividad para distraerse mientras llegaba el día indicado; por su parte Teseo se había trasteado a la casa de la loma para continuar con sus planes para una Andinia después de derrocamiento de la Asamblea, a veces lo visitaba Helena, otras veces el loco de Puerta Tristeza, hasta Verónica fue alguna vez, pero generalmente quien permanecía más tiempo junto a él era Teresa. 

—La noche está silenciosa, hoy todo estará en calma —dijo, Teresa, en medio de la oscuridad de la casa de la loma.

Teseo regreso la mirada

—¿Qué haces aquí?

—Eso me pregunto yo —comentó, la mujer, adentrándose en la casa.

—Desde la prohibición prefiero estar aquí, hay más paz.

Teresa sonrió, al entrar llevaba puesto un camisón oscuro por sugerencia de su hija; después de cierto tiempo de reuniones en la casa de la loma Helena le había pedido que se pusiera ropa, no importa si sólo vas cuando ya se hayan ido los muchachos, en cualquier momento te cruzas con uno de ellos y sabes mejor que nadie lo que produce la hermosura de tu rostro y tu cuerpo delineado, pensaría que lo haces intencionalmente, le explicó la señorita para convencerla de cubrirse; no tengo ninguna mala intención, pero si lo deseas lo haré, aceptó Teresa; la conversación de madre e hija tenía sorprendidos a todos en Villa Helena, produciendo una dicha interior entre los trabajadores que conocían la historia de las dos mujeres.

—Por mi parte nunca dejo mi propiedad, deambulo por ella como si reinara, pero a veces creo que me he condenado a una vida oscura, en ustedes vi claridad y por eso permití su entrada; sabía que el loco de Puerto Tristeza se acercó a mi para convencerme.

Teseo sonrió ante la confesión, el loco sólo podía ser nacido de la magia de Andinia, tal vez era ella misma exigiendo salvación.

—Ahora no quiero volver a mis tinieblas, los Blanco me han enseñado a sobrevivir, a buscar algo más que la muerte —agregó.

—Sabes que eres parte del grupo desde el momento que el cuartel de los Blanco se estableció en Villa Helena.

—Sí, por eso quiero participar de sus planes, Andinia también es mía por eso también quiero acabar el dominio de la Asamblea, por otra parte, hay cuentas pendientes con el comandante Miller que deben ser saldadas; pero por ahora quiero abandonar mi refugio, mi mundo ficticio e invencible, saldré a buscar algo más que la luz como algún día lo hará Andinia.

—¿Crees que vamos a ganar?

—No lo sé, veo cosas en mis sueños, pero nunca algo tan directo como la confirmación del fin de la Asamblea, a lo mejor porque para entonces habré muerto y no puede revelarse hechos a quien no estará para verificarlos.

—Teresa Ramírez no muere —interrumpió, Teseo, a la vez atrevido a la vez atemorizado; la mujer sonrió.

—Sólo veo cosas inconclusas, no triunfos ni derrotas, solamente eventos aislados, por ejemplo, después de hoy algo pasará con los Blanco.

Teseo siempre prestaba atención a la mujer cuando relataba sus visiones con algo de desconfianza, pero esa noche no pudo evitar sentirse asustado, el futuro que relataba era preocupante e imposible de cambiar como siempre le había advertido Teresa. 

Ella esperará a que pase el tiempo, llorará en silencio con lágrimas en las que la sangre parecerá disolverse, con su rostro embadurnado de un carmín doloroso no se moverá refugiada en los brazos de su protectora, ella la arropara mientras permanezca arrodillada al lado del cuerpo sin vida de aquel, intentará detener con fuerza la sangre que brotará de su pecho a pesar de la certeza de no lograrlo, lo intentará porque presentirá que después de ese día nunca podrá reestablecer su paz; en un instante su cara quedará surcada por la maldad producida por el rencor cuando haya entendido el odio y lo pueda distinguir sin dudarlo, a lo mejor por eso nunca más podrá sonreír con inocencia. 

Ella dirá:

—¡Hay hadas y maleficios...!, ¡artificios de la vida para aferrarse a ella, desenfrenadas locuras, infames actos anónimos, senderos que muestran rutas diferentes, impredecibles!; ¿para dónde puedo caminar cuando me siento atascada por los recuerdos del pasado sin vislumbrar un futuro, probablemente condenada por el maldito presente a creer en cualquier cosa sin creer en nada?; extraño cuando los vientos elevaban un papel como cometa, cuando la lluvia me mojaba y hacía de mí un pirata, cuando el sol tostaba mi joven piel y formaba arrugas de alegría; ¡extraño aquellos momentos, extraño en mi rostro aquella entrañable sonrisa! 

Entre tanto su protectora la abrazará cada vez más fuerte, ella hablará para sí misma, parecerá no darse cuenta de los hechos que cambiarán su vida; de improviso empezará a llorar muy fuerte, restregará en su cuerpo con violencia el carmín mezclado de ella y de aquel, las pocas lágrimas que todavía brotarán sobrepasaran su cara y mojarán su cuerpo, limpiarán el dolor, la falta de aquel muchacho; ella no merece su realidad, ella es inocente. 

No aceptará alejarse de ese cuerpo inerte, creerá estar segura a su lado, el brillo de la sangre ocultará el peso de la realidad, la mancha que la marcará para toda su vida, la amargura de ser víctima de la muerte; cuando por fin acepte la realidad sentirá terror; apretará con todas sus fuerzas la cobija bajo la cual se encontrará su cuerpo indefenso, pero a la vez notará que se aleja, parecerá aceptar su retirada al vaivén de su protectora, la invadirá la calma, se concentrará en un punto fijo del levemente claro horizonte. 

De repente un estremecimiento, una convulsiva necesidad de protegerse la atacará, se apartará con terror de su compañera, se lanzará a un rincón de la calle, se esconderá como si huyera de cualquier ser porque ya nada le devolverá la confianza en la humanidad; girará la cabeza en todos los sentidos, observará a todas partes, se topará con la mirada de su salvadora y una extraña sensación de tranquilidad recorrerá todo su cuerpo, segundos después la abrazará y se quedará con ella. 

Sin sentir su andar llegará a una casa acogedora, ahí se serenará con el arrullo de su compañera, mucho tiempo transcurrirá una al lado de la otra, sin moverse, comprenderá que junto a su salvadora estará bien, parecerá volver a confiar. 

Habrá algo cierto, no podrá olvidar, aunque esconda lo acaecido porque rezagos de la herida nunca dejarán de sangrar, no podrá olvidar, aunque de tanto repasar la desgracia su alma se endure y en su mente proliferen ideas fugaces de venganza reprimida, ¡no podrá olvidar, pero al fin se convencerá de la imposibilidad de cambiar nada!; entonces entenderá que la esperanza habrá muerto y por fin la vida se tranquilizará. 

—¡Estamos enfermos!, creemos en la esperanza sin darnos cuenta que es nuestro verdadero suplicio; es tan fácil considerarla nuestra salvación, ¡no! ¡quién se esperanza muere!, finalmente la esperanza es aquello que se siente cuando ya no hay nada que hacer, es el límite entre lo imposible y la realidad: lo imposible que esperamos y la inefable realidad que palpamos. 

Teseo estaba inmerso en las palabras de Teresa, creyendo sin lugar a dudas que algún día presenciaría esa escena; después de esa noche los encuentros se volvieron frecuentes, Teresa siempre le contaba sus visiones, pero hasta un punto, porque al parecer después no existía nada, a lo mejor la muerte. 

Ella no puede morir sin que Andinia desaparezca, pensó Teseo mientras se acercaba a ella.

A lo mejor es necesario para que renazca, escuchó él ser atraído por ella. 

De un momento a otro Teresa se fue acercando a Teseo, como un imán lo atrajo sin ninguna resistencia, estaba sorprendido, como nunca se hubiera imaginado la tenía tan cerca que sentía la calidez de su cuerpo, un cuerpo siempre admirado; cuando lo tuvo tan cerca que sentía su aliento empezó a palpar con los dedos su piel tostada, con un infinito placer demostrado al remorderse los labios, enjugándoselos nerviosamente; se sentía confusa, en su cara brillaba la sorpresa y se dibujaba algo impensado, un temor profundo ausente en los momentos más difíciles de Villa Helena; un leve estremecimiento la hizo poner las palmas de sus manos en el pecho del joven, no con la intención de alejarlo, lo hizo con el cuerpo tembloroso sin dejar a un lado su firmeza; el joven al sentir la presión cerró los ojos para convencerse de aquella realidad inesperada, pronto la presión disminuyó y un cosquilleo de dedos recorrió su rostro arrastrados con serenidad para acallar cualquier palabra imprudente. 

Después de un combate mental sus cuerpos estremecidos se juntaron casi tocándose, se contemplaron sonrientes durante mucho tiempo, descubriendo gestos impensadas en miradas nunca vistas, extraviados en una realidad particular, una soledad compartida entre dos seres atrapados en un silencio infinito de una oscuridad imposible de combatir; de pronto ella quiso alejarse, pero él impulsado por un suspiro de seducción retuvo su brazo aturdido a la espera de su reacción, sin embargo, al mirarla no descubrió malestar, al contrario, para su sorpresa ella conservaba su rostro distendido, su mirada fría había desaparecido, la inocencia de tiempos felices volvía reinar; se miraron un tiempo más antes de unirse en un beso sin efusividad ni apasionamiento, lento como si disfrutaran de un infinito segundo de dicha antes de la fatalidad, fundieron sus labios sin sobresaltos, no fue enfurecido como si quisieran reclamarle a la vida el tiempo perdido, fue suave con la honradez suficiente para demostrar su atracción, se besaron como si les fuera prohibido, ocultos del mundo con el deleite de lo desconocido, la delicada llama de una pasión sin medida, una libido asustadiza de dos seres temerarios cohibidos de arrojarse al abismo del sexo, resistiendo en el filo deseosos como ninguno de lanzarse a esa sima sin retorno donde termina la razón e inicia el desafuero. 

Cuando separaron sus labios parecieron avergonzados, evitaron mirarse, pero con los cuerpos tan cerca sólo pudieron entrelazarse en un abrazo incrédulo de tal aventura; vino entonces un impulso inexplicable, él la tomó de la cintura, la llevó hasta la mesa sin oposición ninguna, con leves movimientos se despojaron de sus ropas; pronto los besos se aceleraron, se conocían, sabían de su templanza por eso el sexo fue un ritual, de una forma como sólo se puede sentir una vez en la vida ajenos al mero placer. 

Es nuestro destino, después vendrá tu triunfo y mi final susurró, Teresa, mientras sintió que una tibieza ascendente se apoderaba de su vientre.


sábado, 16 de mayo de 2026

La era de la oscuridad IX

IX

 

Antes de la entrada de Álvaro Sabi escoltado por el loco de Puerto Tristeza ingresó furtivamente una muchacha de cabellera alborotada; al verla Teseo se interesó por aquella chica de rostro serio, ojos profundos y gran fortaleza sin imaginar su papel vital en el accionar de los Blanco así como en su vida, ignorando que lloraría verdaderas lágrimas de dolor al enterarse de su pérdida.

 

Mientras tanto todo era confuso en el salón porque nadie entendía en su total inmensidad la posibilidad de la muerte; se enfrentaban a una dictadura de veinte años con gran capacidad de defensa, sin contar la barbaridad mostrada sobre sus contradictores; la tensión de los muchachos se notaba, cada uno concentrado en el desenlace de su misión y en el valor del triunfo con relación a su vida, un momento sólo entendible para los seres a portas de una lucha por supervivir, inmersos en una ambiente donde se confundía el terror, la valentía y el devaneo de la intrepidez; al tiempo Teseo se distraía de sus temores atento a la muchacha nueva con la insistencia suficiente para despertar su atención.

—Supongo que ha llegado el momento de escoger los miembros del grupo para ingresar el paquete a Andinia —dijo, devolviendo la mirada sobre Teseo sin mucho disimulo; el jefe de los Blanco sonrió tímidamente, al tiempo pareció darse cuenta del lugar donde estaba.

El plan tiene que ser inteligente y rápido —dijo, parecía inspirado cualquier error significa la muerte, pero sobre todo una derrota en nuestros planes; no olviden: el fin de nuestra lucha es más importante que cualquiera de nosotros, no podemos perder cinco años de trabajo y todo lo que ustedes han aprendido al reunirnos en este cuartel; ya no podemos dilatar más la acción, son tres meses en los que cesaremos toda actividad para alejar los ojos de la Asamblea, después llega la hora definitivaexclamó.

 

Entonces habló por primera vez la chica que atrajo a Teseo.

Todas las luchas de este tipo son difíciles, cualquier revés pone en peligro la victoria final por eso el compromiso es la mejor arma para triunfar; seguramente ustedes se estarán preguntando quién soy porque es la primera vez que vengo; les digo que fui invitada por Didier, él me convenció de participar en el derrocamiento de la Asamblea —confesó— y ahora que veo este grupo entiendo su convencimiento de ver a una Andinia liberada; como los decía, estas acciones son difíciles, ustedes que participan hace rato lo saben mejor que yo, pero todos tenemos la misma idea y si nos aferramos a ella no habrá derrota posible; Andinia debe ser llevada al camino de la democracia así que tomemos las decisiones necesarias sin miedo, después de la conquista de Andinia tendremos que gobernar y para ello no se puede tener miedo; gobernar con argumentos no con la ley de las armas y el miedo, estamos hartos de la Asamblea y sus estamentos militares que no dejan de abusar del pueblo, en especial en los barrios; la discriminación y la brutalidad que ejercen sobre El Progreso y La Marea no se puede perpetuar, les debemos un futuro mejor, una democracia fortalecida; nuestro mundo requiere la participación de todos, nadie se puede quedar por fuera a menos que sea muy poderoso o un insensato que se cree invencible; los Blanco no somos ninguno de los dos por estamos llamados a gobernar Andinia con sinceridad, sin persuasión violenta, sino con ideas, con democracia —agregó.

 

—¡Democracia!, no creo que sea adecuada ahora, de cierta manera es una idea ridícula; liberar a Andinia de una dictadura de unos pocos para entregársela a la mitad más uno será condenar al pueblo a un fracaso —dijo, un muchacho, también desconocido entre el grupo tiene que haber una época de transición donde luchen todos los grupos que resulten del derrocamiento de la Asamblea; nuestra labor inicial es liberarla, después tendremos que acabar con esos grupos: los rezagos de la Asamblea, los mercenarios de las FMA, los forajidos de los plateados, ciertas agrupaciones oportunistas de generación espontánea; los Blanco deben someterlos con la fuerza de la ideológica, no enseñarles a pensar sino adoctrinarlos sin violencia, aunque si es necesaria para concretar la toma del poder hay que usarla; una vez alienados ideológicamente o sea cuando se asegure la mitad más uno el poder será otorgado por la magia justa de la democracia, de eso se trata todo, del poder, cualquier medio para alcanzarlo es justificable; un gobierno es absoluto por decreto de asesinos e invasores, por imposición de algunos poderosos o por cesión de la mitad más uno, la diferencia es que los asesinos y los poderosos siempre van a ganar, la mitad más uno sólo supone que gana y no se da cuenta que cada cierto tiempo las fuerzas cambian y no por la maravilla de la democracia sino porque al vaivén de los intereses el más uno se corre al lado que más lo beneficia, inclinando la balanza hacia los criminales, los invasores o los poderosos; democracia o no siempre se impondrá el absolutismo, a excepción que sea el pueblo el que tome el poder, en ese caso es peor el remedio, no hay peor gobernante para un pueblo que el mismo pueblo; si se abandona algunos hombres en unas isla desierta habrá cierta solidaridad mientras exista la más mínima posibilidad de sobrevivir, pero si aumentas el número, de hecho si envías a un pueblo entero a la isla, pronto se dividirán en grupos y los más fuertes empezarán a someter al resto para aniquilarlos, y hay algo peor, con el tiempo las divisiones continuarán y la aniquilación será infinita.

—Dices que seremos capaces de matarnos entre nosotros antes de lograr concretar un nuevo orden de cosas —reclamó, exaltada, la muchacha.

—Sí —dijo, con desprecio, el hombre.

—¿De parte de quien estás?, no somos criminales, ni poderosos, sí somos el pueblo y vamos a gobernar sin matarnos como dices, vamos a gobernar convenciendo a los demás de lo que creemos; los Blanco no van a adoctrinar a nadie, todo tiene que ser razonado, todo tiene que ser compartido, no vamos a imponer, estamos cansados de la imposición, vamos a cumplir veinte años de dominio, vamos a arrasar con eso y vamos a iluminar Andinia con ayuda de todos.

—En pocas palabras vas a instaurar el poder absoluto de los Blanco y eso está bien, para eso es la lucha, pero igual tu gobierno será absoluto, ya lo dijiste, eliminarás la Asamblea y los que tengan que ver con ella, pero debes recordar que ellos serán quienes se opongan a tu forma de gobernar, querrán acabarte, quitarte el poder, desde ya eliminarte; los opositores sólo tienen una intención: ¡derrocarte!; guarda el romanticismo de la democracia para otros, apenas empieces a gobernar sentirás que el tiempo es demasiado corto y con los días tu oposición más fuerte, entonces estarás en la mira de un nuevo contradictor.

—Eso no es cierto, eres muy radical y como todo radical idiota por naturaleza.

El hombre rio con estrépito.

—¡Oh!, ¡me gusta esta chica!; ¡Teseo, tienes un diamante muy fino!, ella realmente puede ayudarte a gobernar, tiene lo que no tienes tú, es intrépida, tu eres más sagaz por eso manejas este grupo, pero ella es más visceral y eso la hace mágica.

Teseo sonrió, la muchacha no replicó nada, de alguna manera se sentía halagada

—¿Cómo te llamas mi diamante? —inquirió, el nuevo.

—¡Qué te importa!

—Más de lo que te imaginas.

En ese momento entró Vito y Didier, cuando vieron al invitado rieron y fueron a abrazarlo.

—Maldito Arling, no sabía cuándo te iba a ver nuevamente, pero estaba seguro que sería posible —exclamo con alegría, Vito.

—Te habías demorado, ¿dónde estabas? —averiguó, Didier.

—Por ahí…

—Muchachos, este hombre que ven aquí fue parte fundamental de la creación de nuestra agrupación, nos dio la confianza para organizarnos; ahora nos llamamos los Blanco, nombre dado a un proyecto que tiene como uno de sus fundadores a Arling y con su llegada vamos a triunfar.

—Me dices que este idiota es uno de los nuestros, en ese caso renuncio.

—Diamante no exageres, la intrepidez fácilmente puede rayar en la estupidez y eso no es bueno para nadie; creo que eres excelente para nuestro proyecto, pero debes controlar tus impulsos, déjate pulir, eres un hermoso diamante, pero falta mucho para que brilles con tu verdadero esplendor.

—Bueno, bueno —interrumpió, Teseo— quiero presentarles a Arling que nos acompañará desde hoy en la casa de la loma.

—¿Qué dices diamante? —preguntó, Arling.

—Si me vuelves a decir diamante te mato,

—Nunca amenaces si no vas a cumplir

Arling hizo una pausa, parecía pedirle a la muchacha su nombre por eso dejó inconclusa la oración.

—Verónica.

—Verónica, un bonito nombre —murmuró— entonces ya sabes Verónica, no amenaces a nadie si no tienes intensiones de cumplir.

Ten por seguro que si te vuelves un oponente que me quiera eliminar no dudaré en hacerlo —dijo, furibunda, con fuego en los ojos.

—Eres única y ya estás entendiendo mi punto.

Verónica se limitó a verlo como si verdaderamente quisiera matarlo; la impotencia siempre hace al hombre soñarse brutalmente triunfante.

 

Algunos golpes en la puerta resonaron, la tensión pareció disiparse, Vito abrió con cierta prevención; eran Dorian y Henry, los dos comerciantes encargados de la compra de las armas solicitadas por los Blanco para el golpe final; cuando entraron se robaron la atención de todos.

Nosotros conseguimos las armas, ustedes las entran en Andinia—explicaron, sin introducciones ni explicaciones.

 

La idea de los comerciantes era clara, después de seleccionados los encargados del transporte de las armas debían pasar alrededor de tres meses, hay que bajar la atención de la Asamblea sobre los Blanco, nadie debe reunirse en ese tiempo, reclamaron; las exigencias habían sido dadas a conocer a Teseo de antemano, según argumentaron era por cuestión de seguridad del grupo y especialmente de ellos, los seleccionados se debían alejar de cualquier reunión o actividad sospechosa para no dar pie a ninguna alarma, quedándose en sus casas.

—Ustedes los eligen esta noche y se despiden de ellos, que no vuelvan más, nosotros sólo sabremos quiénes son el día de la entrega; espero que quede claro, nada de reuniones con los escogidos; ¡no voy a perder la vida por algún movimiento estúpido!

Las condiciones fueron acordadas, ahora venía la selección inmediatamente después de la retirada de Dorian y Henry de la casa de la loma.

 

Vito tomó la iniciativa, se paró en el centro del cuarto que los albergaba

—Definamos entonces los encargados para movilizar el material.

—Esta misión requiere de un gran compromiso por eso dejamos a decisión de ustedes proponer su nombre o el de alguien que consideren capaz de ejecutarlo.

No hubo comentario alguno, la tarea no era fácil, no había margen de equivocación, eso amilanó a todos; a la cabeza de cada uno se vino la advertencia de Teseo sobre el riesgo de caer en manos de la PJB o las FMA, había llegado el punto sin retorno para el derrocamiento de la Asamblea, tenían que ganar o estaban condenados a morir.

—¡Señores! —gritó, Teseo— no hay más tiempo, la Asamblea ya nos reconoce y nos persigue por eso estoy de acuerdo con Dorian, hay que ser cuidadosos, después de hoy los Blanco no deben volver a la casa de la loma hasta nueva orden.

—Es justo porque la Asamblea ya tiene información sobre esta casa, los detiene el miedo a la historia de Villa Helena y Teresa, pero me informaron que van a llegar nuevos comandantes, ellos no le temen a la historia porque no la conocen, además la Asamblea se encargará de ocultar toda información al nuevo personal por eso la casa ya no es segura —expresó con sobriedad, Arling.

 

Por fin se acabó la incertidumbre cuando alguien alzó la voz.

—¡Yo voy!

Verónica se adelantó a todos hasta el centro de la casa, todos atendieron el ofrecimiento, un rumor generalizado nació; la voluntaria era una mujer venida de El Progreso, muy conocida por su fortaleza y a la vez por su imprudencia.

—¡Yo me encargo de eso!, tengo la capacidad para afrontarlo, adicionalmente estoy dispuesta a tomar el riesgo declaró, tajante— ¡Didier me puede acompañar!, junto a él la misión se completará exitosamente.

Por parte de Didier no hubo ninguna respuesta, Vito se sorprendió un poco al tiempo Arturo pidió acallar los murmullos para opinar:

Estamos hablando de una misión muy peligrosa y no es que haya preferencia entre los Blanco, pero hay algunos que ya tienen una función definida, son expertos en eso y no los podemos arriesgar en asuntos como estos por más importantes que sean.

¿Hay alguien que quiera acompañar a Verónica?, no puedo arriesgar a un hombre como Didier, clave para reclutar los miembros de los Blanco; la mitad de ustedes fueron atraídos por él, su labor no es la de transportar las armas, él tiene un compromiso con la causa que hasta el momento nadie ha cumplido mejor; si algo pasa él es el encargado de mantener vivos a los Blancos, trayendo nuevos partidarios —explicó, Teseo.

—¡Entonces voy con Marcos! insistió, la muchacha.

—¡Claro! exclamó, entusiasmado, Marcos, aunque no muy convencido; la postulación había sido sorpresiva sin tiempo para negarse.

Pasaron algunos minutos sin otra designación, se supuso una decisión tomada.

 

—Yo no estoy de acuerdo, así no va a funcionar el plan se escuchó.

¿Por qué? —preguntó, desconfiado, Arling— me parece que el diamante trae confianza para un buen resultado.

Tienen que entender mis argumentos aclaró, Petrona Martínez— ahora los voy a explicar, sobre todo para usted señor Arling; al parecer no conoce la historia de Andinia y ustedes jefes de los Blanco sugieren con su actitud que la prefieren ignorar...

—Si conozco Andinia y su historia, soy de aquí —interrumpió, Arling, aparentemente dolido por el comentario de la muchacha— tal vez usted si quiere desconocer la fortaleza de los habitantes de los barrios.

—Me empiezo a cansar de los comentarios mal intencionados de este tipo —gritó, Helena— hasta el momento sólo ha puesto peros a todas las intervenciones, no he escuchado ningún aporte y no estoy de acuerdo con ustedes dirigentes de este grupo cuando aseguran que vamos a ganar porque él llegó; solos podemos, no es necesario su presencia y, si sigue con sus críticas y negativas es mejor que se vaya.

—Cuidado Helena —exclamó, Vito.

—¿Cuidado por qué?, si esperas que nos quedemos callados estás equivocado, no es el lugar para impedir las ideas de nadie, este grupo ya está conformado, nada lo detiene, ni este tipo, ni tú, ni nadie; es más, si tanto lo necesitas puedes irte con él, no te vamos a detener, aquí nadie es indispensable, agradecemos lo que han hecho desde el inicio, pero si los tenemos que sacar no lo duden, ¡así será!; ¿creen que son infalibles?, se equivocan, si salen de esta casa igual vamos a ganar; ¡los Blanco están más allá de ustedes!

Arling sonrió con una actitud molesta para los asistentes.

—¡Son unas joyas!, el diamante y tú van a conducir a los Blanco a un inevitable éxito por eso acepto tu crítica, voy a dejar que explique sin intervenir.

 

Helena veía a Arling con malicia, algo no le gustaba, su desconfianza heredada de los Ramírez la ponían en alerta y en silencio se daba cuenta que Petrona compartía sus sospechas, las dos estaban alertas para rescatar a los Blanco de Arling y sus compinches; aunque doloroso no dudaría un segundo en eliminar a Vito u otro dirigente si el objetivo corría riesgo.

—Voy a explicarles algo que al parecer no entienden —dijo, Petrona— los habitantes de los barrios son fuertes, nadie lo duda, pero precisamente ser de allá los hace más sospechosos; las FMA no permitirán que alguien salido del barrio pase en un carro sin llamar la atención, lo más seguro es que lo requisen sin pensarlo dos veces y buscarán alguna razón para decomisar el vehículo y arrestar a los pasajeros; hoy en día pertenecer al barrio despertara sospechas, un riesgo innecesario en esta misión.

—¿Qué tienes contra los que venimos de El Progreso? gritó, Verónica sólo porque vienes de una familia poderosa no tienes que despreciarnos.

—No es con ustedes, la actualidad de Andinia los ha relegado, no busquen el problema en otra parte ni pretendan meter la discusión de las clases aquí —exclamó, Helena, apoyando a Petrona.

—¡Tienen razón las dos!, las FMA se van a divertir, desbaratando el carro de dos muchachos del barrio, eso es indudable; no es cuestión de pobres o ricos, tomarlo de esa forma es una discusión estúpida que aquí no vamos a permitir, para eso hay tontos en todas partes; ahora mejor pensemos qué hacer, ¿alguien opina algo que nos ayude a avanzar? —intervino, Teseo.

—Yo voy —dijo, la nieta de Macario Martínez.

Esta vez nadie rumoreó, simplemente se rendían ante un argumento imposible de refutar; por su parte Verónica reía con rabia porque en el fondo entendía con claridad la tesis de la muchacha y a despecho suyo la compartía; después de un paréntesis Petrona continuó:

Supongo que todos saben que en Luna Blanca siempre ha habido un carro; antes de la prohibición de la bota ya estaba en la propiedad, es pequeño, antes se lo sacaba en contadas ocasiones con el riesgo de que las FMA lo decomisaran, pero desde la entrada de los carros de la PJB se abrió la puerta para todos, hoy en día se lo lleva a muchas partes; verlo salir de paseo no será sospechoso para las FMA, propongo que hagamos unas dos salidas en estos días sin encender alarmas entre los soldados, cuando se acostumbren no sabrán de la entrada de las armas hasta cuando las disparemos.

—¿Y quién será el afortunado que paseará contigo? —inquirió, desconfiado, Arturo.

—No será contigo —comentó, Petrona; algunos sonrieron.

—Me parece bien porque Arturo no bien visto por los hombres de la PJB.

—Tiene razón señor Arling, pero eso ya lo tengo solucionado.

Un suspiro de sorpresa se sintió en el aire.

—¿Quién entonces? —preguntó, Arturo, el encargado del carro en Luna Blanca.

¡Julio!, no me pregunten la razón, algún día la conocerán cuando no sea riesgoso; el caso es que el sábado vamos hasta el mirador cerca a Pacífico, nos quedamos toda la tarde y regresamos tranquilos y contentos, eso lo repetimos en quince días, dentro de tres meses que llevemos a cabo el plan las FMA ni se inmutarán por eso podremos ingresar las armas sin ser registrados.

Una sorpresa se expresó en la cara de Arturo, la niña Petrona hablaba como toda una militar, estaba seguro de la oposición de Gumercinda, pero no quiso dañar el momento de triunfalismo de la muchacha.

 

Julio Basante, hijo de Obdulio era un excelente pasajero para la cruzada, aunque cualquier Basante generaba malestar entre las FMA preferían no meterse con ellos; Obdulio vivía en su locura de amor y venganza con la señorita Martínez así que ver a su hijo con la muchacha podía ser interpretado como la partida de algún plan malévolo para atentar contra ella; esos eran líos privados en los cuales las FMA no tenían interés creyó Petrona.

 

—En ese caso creo que el fin de semana tiene un paseo señor Julio Basante al lado de Petrona Martínez —concluyó, Arling, aplaudiendo a la feliz pareja.

 

Desde ese momento la casa de la loma quedó solitaria, pero con los días se convirtió en testigo del increíble ocaso de una leyenda sin la cual Andinia no existiría.