IX
Antes de la entrada de Álvaro Sabi escoltado por el loco de Puerto Tristeza ingresó furtivamente una muchacha de cabellera alborotada; al verla Teseo se interesó por aquella chica de rostro serio, ojos profundos y gran fortaleza sin imaginar su papel vital en el accionar de los Blanco así como en su vida, ignorando que lloraría verdaderas lágrimas de dolor al enterarse de su pérdida.
Mientras
tanto todo era confuso en el salón porque nadie entendía en su total inmensidad
la posibilidad de la muerte; se enfrentaban a una dictadura de veinte años con
gran capacidad de defensa, sin contar la barbaridad mostrada sobre sus
contradictores; la tensión de los muchachos se notaba, cada uno concentrado en
el desenlace de su misión y en el valor del triunfo con relación a su vida, un
momento sólo entendible para los seres a portas de una lucha por supervivir,
inmersos en una ambiente donde se confundía el terror, la valentía y el devaneo
de la intrepidez; al tiempo Teseo se distraía de sus temores atento a la
muchacha nueva con la insistencia suficiente para despertar su atención.
—Supongo que ha llegado el momento de escoger los miembros del grupo
para ingresar el paquete a Andinia —dijo, devolviendo la mirada sobre Teseo sin
mucho disimulo; el jefe de los Blanco sonrió tímidamente, al tiempo pareció
darse cuenta del lugar donde estaba.
—El plan tiene que ser inteligente y rápido —dijo, parecía inspirado— cualquier error significa la muerte, pero sobre todo una derrota en nuestros planes; no olviden: el fin de nuestra lucha es más importante que cualquiera de nosotros, no podemos perder cinco años de trabajo y todo lo que ustedes han aprendido al reunirnos en este cuartel; ya no podemos dilatar más la acción, son tres meses en los que cesaremos toda actividad para alejar los ojos de la Asamblea, después llega la hora definitiva—exclamó.
Entonces
habló por primera vez la chica que atrajo a Teseo.
—Todas las luchas de este tipo son difíciles, cualquier revés pone en peligro la victoria final por eso el compromiso es la mejor arma para triunfar; seguramente ustedes se estarán preguntando quién soy porque es la primera vez que vengo; les digo que fui invitada por Didier, él me convenció de participar en el derrocamiento de la Asamblea —confesó— y ahora que veo este grupo entiendo su convencimiento de ver a una Andinia liberada; como los decía, estas acciones son difíciles, ustedes que participan hace rato lo saben mejor que yo, pero todos tenemos la misma idea y si nos aferramos a ella no habrá derrota posible; Andinia debe ser llevada al camino de la democracia así que tomemos las decisiones necesarias sin miedo, después de la conquista de Andinia tendremos que gobernar y para ello no se puede tener miedo; gobernar con argumentos no con la ley de las armas y el miedo, estamos hartos de la Asamblea y sus estamentos militares que no dejan de abusar del pueblo, en especial en los barrios; la discriminación y la brutalidad que ejercen sobre El Progreso y La Marea no se puede perpetuar, les debemos un futuro mejor, una democracia fortalecida; nuestro mundo requiere la participación de todos, nadie se puede quedar por fuera a menos que sea muy poderoso o un insensato que se cree invencible; los Blanco no somos ninguno de los dos por estamos llamados a gobernar Andinia con sinceridad, sin persuasión violenta, sino con ideas, con democracia —agregó.
—¡Democracia!,
no creo que sea adecuada ahora, de cierta manera es una idea ridícula; liberar
a Andinia de una dictadura de unos pocos para entregársela a la mitad más uno
será condenar al pueblo a un fracaso —dijo, un muchacho, también desconocido
entre el grupo— tiene que haber una época de transición donde luchen todos los
grupos que resulten del derrocamiento de la Asamblea; nuestra labor inicial es
liberarla, después tendremos que acabar con esos grupos: los rezagos de la
Asamblea, los mercenarios de las FMA, los forajidos de los plateados, ciertas agrupaciones
oportunistas de generación espontánea; los Blanco deben someterlos con la fuerza
de la ideológica, no enseñarles a pensar sino adoctrinarlos sin violencia,
aunque si es necesaria para concretar la toma del poder hay que usarla; una vez
alienados ideológicamente o sea cuando se asegure la mitad más uno el poder
será otorgado por la magia justa de la democracia, de eso se trata todo, del
poder, cualquier medio para alcanzarlo es justificable; un gobierno es absoluto
por decreto de asesinos e invasores, por imposición de algunos poderosos o por cesión
de la mitad más uno, la diferencia es que los asesinos y los poderosos siempre
van a ganar, la mitad más uno sólo supone que gana y no se da cuenta que cada
cierto tiempo las fuerzas cambian y no por la maravilla de la democracia sino
porque al vaivén de los intereses el más
uno se corre al lado que más lo beneficia, inclinando la balanza hacia los
criminales, los invasores o los poderosos; democracia o no siempre se impondrá
el absolutismo, a excepción que sea el pueblo el que tome el poder, en ese caso
es peor el remedio, no hay peor gobernante para un pueblo que el mismo pueblo;
si se abandona algunos hombres en unas isla desierta habrá cierta solidaridad
mientras exista la más mínima posibilidad de sobrevivir, pero si aumentas el
número, de hecho si envías a un pueblo entero a la isla, pronto se dividirán en
grupos y los más fuertes empezarán a someter al resto para aniquilarlos, y hay
algo peor, con el tiempo las divisiones continuarán y la aniquilación será
infinita.
—Dices
que seremos capaces de matarnos entre nosotros antes de lograr concretar un
nuevo orden de cosas —reclamó, exaltada, la muchacha.
—Sí
—dijo, con desprecio, el hombre.
—¿De
parte de quien estás?, no somos criminales, ni poderosos, sí somos el pueblo y
vamos a gobernar sin matarnos como dices, vamos a gobernar convenciendo a los
demás de lo que creemos; los Blanco no van a adoctrinar a nadie, todo tiene que
ser razonado, todo tiene que ser compartido, no vamos a imponer, estamos
cansados de la imposición, vamos a cumplir veinte años de dominio, vamos a
arrasar con eso y vamos a iluminar Andinia con ayuda de todos.
—En
pocas palabras vas a instaurar el poder absoluto de los Blanco y eso está bien,
para eso es la lucha, pero igual tu gobierno será absoluto, ya lo dijiste,
eliminarás la Asamblea y los que tengan que ver con ella, pero debes recordar
que ellos serán quienes se opongan a tu forma de gobernar, querrán acabarte,
quitarte el poder, desde ya eliminarte; los opositores sólo tienen una
intención: ¡derrocarte!; guarda el romanticismo de la democracia para otros, apenas
empieces a gobernar sentirás que el tiempo es demasiado corto y con los días tu
oposición más fuerte, entonces estarás en la mira de un nuevo contradictor.
—Eso
no es cierto, eres muy radical y como todo radical idiota por naturaleza.
El
hombre rio con estrépito.
—¡Oh!,
¡me gusta esta chica!; ¡Teseo, tienes un diamante muy fino!, ella realmente
puede ayudarte a gobernar, tiene lo que no tienes tú, es intrépida, tu eres más
sagaz por eso manejas este grupo, pero ella es más visceral y eso la hace
mágica.
Teseo
sonrió, la muchacha no replicó nada, de alguna manera se sentía halagada
—¿Cómo
te llamas mi diamante? —inquirió, el nuevo.
—¡Qué
te importa!
—Más
de lo que te imaginas.
En
ese momento entró Vito y Didier, cuando vieron al invitado rieron y fueron a
abrazarlo.
—Maldito
Arling, no sabía cuándo te iba a ver nuevamente, pero estaba seguro que sería
posible —exclamo con alegría, Vito.
—Te
habías demorado, ¿dónde estabas? —averiguó, Didier.
—Por
ahí…
—Muchachos,
este hombre que ven aquí fue parte fundamental de la creación de nuestra
agrupación, nos dio la confianza para organizarnos; ahora nos llamamos los
Blanco, nombre dado a un proyecto que tiene como uno de sus fundadores a Arling
y con su llegada vamos a triunfar.
—Me
dices que este idiota es uno de los nuestros, en ese caso renuncio.
—Diamante
no exageres, la intrepidez fácilmente puede rayar en la estupidez y eso no es
bueno para nadie; creo que eres excelente para nuestro proyecto, pero debes
controlar tus impulsos, déjate pulir, eres un hermoso diamante, pero falta
mucho para que brilles con tu verdadero esplendor.
—Bueno,
bueno —interrumpió, Teseo— quiero presentarles a Arling que nos acompañará
desde hoy en la casa de la loma.
—¿Qué
dices diamante? —preguntó, Arling.
—Si
me vuelves a decir diamante te mato,
—Nunca
amenaces si no vas a cumplir…
Arling
hizo una pausa, parecía pedirle a la muchacha su nombre por eso dejó inconclusa
la oración.
—Verónica.
—Verónica,
un bonito nombre —murmuró— entonces ya sabes Verónica, no amenaces a nadie si
no tienes intensiones de cumplir.
—Ten
por seguro que si te vuelves un oponente que me quiera eliminar no dudaré en
hacerlo —dijo, furibunda, con fuego en los ojos.
—Eres
única y ya estás entendiendo mi punto.
Verónica
se limitó a verlo como si verdaderamente quisiera matarlo; la impotencia
siempre hace al hombre soñarse brutalmente triunfante.
Algunos golpes en la puerta resonaron, la tensión
pareció disiparse, Vito abrió con cierta prevención; eran Dorian y Henry, los
dos comerciantes encargados de la compra de las armas solicitadas por los
Blanco para el golpe final; cuando entraron se robaron la atención de todos.
—Nosotros conseguimos las armas, ustedes las entran en Andinia—explicaron, sin introducciones ni explicaciones.
La idea de
los comerciantes era clara, después de seleccionados los encargados del
transporte de las armas debían pasar alrededor de tres meses, hay que bajar la atención de la Asamblea
sobre los Blanco, nadie debe reunirse en ese tiempo, reclamaron; las
exigencias habían sido dadas a conocer a Teseo de antemano, según argumentaron era
por cuestión de seguridad del grupo y especialmente de ellos, los seleccionados
se debían alejar de cualquier reunión o actividad sospechosa para no dar pie a
ninguna alarma, quedándose en sus casas.
—Ustedes los eligen esta noche y se despiden de ellos, que
no vuelvan más, nosotros sólo sabremos quiénes son el día de la entrega; espero
que quede claro, nada de reuniones con los escogidos; ¡no voy a perder la vida
por algún movimiento estúpido!
Las condiciones fueron acordadas, ahora venía la selección inmediatamente después de la retirada de Dorian y Henry de la casa de la loma.
Vito tomó la
iniciativa, se paró en el centro del cuarto que los albergaba
—Definamos entonces los encargados para movilizar el material.
—Esta misión requiere de un gran
compromiso por eso dejamos a decisión de ustedes proponer su nombre o el de
alguien que consideren capaz de ejecutarlo.
No hubo comentario alguno, la tarea
no era fácil, no había margen de equivocación, eso amilanó a todos; a la cabeza
de cada uno se vino la advertencia de Teseo sobre el riesgo de caer en manos de
la PJB o las FMA, había llegado
el punto sin retorno para el derrocamiento de la Asamblea, tenían que ganar o
estaban condenados a morir.
—¡Señores! —gritó, Teseo— no hay más
tiempo, la Asamblea ya nos reconoce y nos persigue por eso estoy de acuerdo con
Dorian, hay que ser cuidadosos, después de hoy los Blanco no deben volver a la
casa de la loma hasta nueva orden.
—Es justo porque la Asamblea ya tiene información sobre esta casa, los detiene el miedo a la historia de Villa Helena y Teresa, pero me informaron que van a llegar nuevos comandantes, ellos no le temen a la historia porque no la conocen, además la Asamblea se encargará de ocultar toda información al nuevo personal por eso la casa ya no es segura —expresó con sobriedad, Arling.
Por fin se acabó la incertidumbre cuando
alguien alzó la voz.
—¡Yo voy!
Verónica se adelantó a todos hasta el
centro de la casa, todos atendieron el ofrecimiento, un rumor generalizado nació;
la voluntaria era una mujer venida de El
Progreso, muy conocida por su fortaleza y a la vez por su imprudencia.
—¡Yo me encargo de eso!, tengo la capacidad para afrontarlo,
adicionalmente estoy dispuesta a tomar el riesgo —declaró, tajante—
¡Didier me puede acompañar!, junto a él la misión se
completará exitosamente.
Por parte de
Didier no hubo ninguna respuesta, Vito se sorprendió un poco al tiempo Arturo
pidió acallar los murmullos para opinar:
—Estamos hablando de una misión muy
peligrosa y no es que haya preferencia entre los Blanco, pero hay algunos que
ya tienen una función definida, son expertos en eso y no los podemos arriesgar
en asuntos como estos por más importantes que sean.
—¿Hay alguien que quiera acompañar a Verónica?, no puedo
arriesgar a un hombre como Didier, clave para reclutar los miembros de los
Blanco; la mitad de ustedes fueron atraídos por él, su labor no es la de
transportar las armas, él tiene un compromiso con la causa que hasta el momento
nadie ha cumplido mejor; si algo pasa él es el encargado de mantener vivos a
los Blancos, trayendo nuevos partidarios —explicó, Teseo.
—¡Entonces voy con Marcos! —insistió, la muchacha.
—¡Claro! —exclamó, entusiasmado, Marcos, aunque no muy convencido; la postulación
había sido sorpresiva sin tiempo para negarse.
Pasaron algunos minutos sin otra designación, se supuso una decisión tomada.
—Yo no estoy de acuerdo, así no va a funcionar el plan —se
escuchó.
—¿Por qué? —preguntó, desconfiado, Arling—
me parece que el diamante trae confianza para un buen resultado.
—Tienen que entender mis argumentos —aclaró, Petrona Martínez— ahora los voy a explicar, sobre todo para usted señor Arling; al parecer no
conoce la historia de Andinia y ustedes jefes de los Blanco sugieren con su
actitud que la prefieren ignorar...
—Si conozco Andinia y su historia,
soy de aquí —interrumpió, Arling, aparentemente dolido por el comentario de la
muchacha— tal vez usted si quiere desconocer la fortaleza de los habitantes de
los barrios.
—Me empiezo a cansar de los
comentarios mal intencionados de este tipo —gritó, Helena— hasta el momento
sólo ha puesto peros a todas las intervenciones, no he escuchado ningún aporte
y no estoy de acuerdo con ustedes dirigentes de este grupo cuando aseguran que
vamos a ganar porque él llegó; solos podemos, no es necesario su presencia y,
si sigue con sus críticas y negativas es mejor que se vaya.
—Cuidado Helena —exclamó, Vito.
—¿Cuidado por qué?, si esperas que
nos quedemos callados estás equivocado, no es el lugar para impedir las ideas
de nadie, este grupo ya está conformado, nada lo detiene, ni este tipo, ni tú,
ni nadie; es más, si tanto lo necesitas puedes irte con él, no te vamos a
detener, aquí nadie es indispensable, agradecemos lo que han hecho desde el
inicio, pero si los tenemos que sacar no lo duden, ¡así será!; ¿creen que son
infalibles?, se equivocan, si salen de esta casa igual vamos a ganar; ¡los
Blanco están más allá de ustedes!
Arling sonrió con una actitud molesta
para los asistentes.
—¡Son unas joyas!, el diamante y tú van a conducir a los Blanco a un inevitable éxito por eso acepto tu crítica, voy a dejar que explique sin intervenir.
Helena veía a Arling con malicia,
algo no le gustaba, su desconfianza heredada de los Ramírez la ponían en alerta
y en silencio se daba cuenta que Petrona compartía sus sospechas, las dos
estaban alertas para rescatar a los Blanco de Arling y sus compinches; aunque
doloroso no dudaría un segundo en eliminar a Vito u otro dirigente si el
objetivo corría riesgo.
—Voy a explicarles algo que al
parecer no entienden —dijo, Petrona— los habitantes de los barrios son fuertes,
nadie lo duda, pero precisamente ser de allá los hace más sospechosos; las FMA
no permitirán que alguien salido del barrio pase en un carro sin llamar la
atención, lo más seguro es que lo requisen sin pensarlo dos veces y buscarán
alguna razón para decomisar el vehículo y arrestar a los pasajeros; hoy en día pertenecer
al barrio despertara sospechas, un riesgo innecesario en esta misión.
—¿Qué tienes contra los que venimos de El Progreso? —gritó, Verónica— sólo porque vienes de una familia poderosa no
tienes que despreciarnos.
—No es con ustedes, la actualidad de
Andinia los ha relegado, no busquen el problema en otra parte ni pretendan
meter la discusión de las clases aquí —exclamó, Helena, apoyando a Petrona.
—¡Tienen razón las dos!, las FMA se van a divertir, desbaratando el carro de
dos muchachos del barrio, eso es indudable; no
es cuestión de pobres o ricos, tomarlo de esa forma es una discusión estúpida que
aquí no vamos a permitir, para eso hay tontos en todas partes; ahora mejor
pensemos qué hacer, ¿alguien opina
algo que nos ayude a avanzar? —intervino, Teseo.
—Yo voy —dijo, la nieta de Macario
Martínez.
Esta vez nadie rumoreó, simplemente
se rendían ante un argumento imposible de refutar; por su parte Verónica reía
con rabia porque en el fondo entendía con claridad la tesis de la muchacha y a
despecho suyo la compartía; después de un paréntesis Petrona continuó:
—Supongo que todos saben que en Luna
Blanca siempre ha habido un carro; antes de la prohibición de la bota ya estaba
en la propiedad, es pequeño, antes se lo sacaba en
contadas ocasiones con el riesgo de que las FMA lo decomisaran, pero desde la
entrada de los carros de la PJB se abrió la puerta para todos, hoy en día se lo
lleva a muchas partes; verlo salir de paseo no será sospechoso para las FMA,
propongo que hagamos unas dos salidas en estos días sin encender alarmas entre
los soldados, cuando se acostumbren no sabrán de la entrada de las armas hasta
cuando las disparemos.
—¿Y quién será el afortunado que
paseará contigo? —inquirió, desconfiado, Arturo.
—No será contigo —comentó, Petrona;
algunos sonrieron.
—Me parece bien porque Arturo no bien
visto por los hombres de la PJB.
—Tiene razón señor Arling, pero eso ya
lo tengo solucionado.
Un suspiro de sorpresa se sintió en el
aire.
—¿Quién entonces? —preguntó, Arturo,
el encargado del carro en Luna Blanca.
—¡Julio!, no me pregunten la razón,
algún día la conocerán cuando no sea riesgoso; el caso es que el sábado vamos
hasta el mirador cerca a Pacífico, nos quedamos toda la tarde y regresamos
tranquilos y contentos, eso lo repetimos en quince días, dentro de tres meses
que llevemos a cabo el plan las FMA ni se inmutarán por eso podremos ingresar
las armas sin ser registrados.
Una sorpresa se expresó en la cara de Arturo, la niña Petrona hablaba como toda una militar, estaba seguro de la oposición de Gumercinda, pero no quiso dañar el momento de triunfalismo de la muchacha.
Julio Basante, hijo de Obdulio era un excelente pasajero para la cruzada, aunque cualquier Basante generaba malestar entre las FMA preferían no meterse con ellos; Obdulio vivía en su locura de amor y venganza con la señorita Martínez así que ver a su hijo con la muchacha podía ser interpretado como la partida de algún plan malévolo para atentar contra ella; esos eran líos privados en los cuales las FMA no tenían interés creyó Petrona.
—En ese caso creo que el fin de semana tiene un paseo señor Julio Basante al lado de Petrona Martínez —concluyó, Arling, aplaudiendo a la feliz pareja.
Desde ese momento la casa de la loma
quedó solitaria, pero con los días se convirtió en testigo del increíble ocaso
de una leyenda sin la cual Andinia no existiría.