VII
Una vez
Álvaro Sabi salió de Villa Helena se dirigió a la sacristía para hablar con el
padre Lucio, quería escuchar su opinión sobre lo sucedido con Teresa Ramírez;
cuando daba la vuelta para esquivar la vigilancia de la PJB fue alertado por un
llamado.
—¡Sabi!,
¡Sabi! —hizo eco en la noche.
Álvaro no
quiso regresar su mirada, esperando que los llamados cesaran, sin embargo, los
gritos herían con fuerza el silencio de la noche.
—¡Sabi!,
me escuchas, soy Jesús…
Sabi
decidió hacer caso, no estaba dispuesto a arriesgarse a la curiosidad de la PJB
desplegada por toda Andinia, especialmente por la cantidad de información
acumulada en su bolso, mapas, planes y los más importante, la lista de los
Blanco, por eso se detuvo y alzó su mirada.
—Hola
Sabi, pensé que no me ibas a contestar, seguramente porque los años no pasan en
vano y la sordera ya te llegó.
Álvaro
dudó un momento, iba a preguntar la identidad del desconocido, pero algún
recuerdo le trajo a la mente aquella figura desgarbada.
—¿Jesús
Morales?
—¡Vaya,
vaya!, parece que no has olvidado los viejos amigos, ¡claro que soy Jesús!, de
los tiempos de las revueltas cuando Mariano Basante estaba formando su
Asamblea…
—Humm…
—Ese época
fue muy buena, lástima que nunca te interesó unirte a nosotros, con tu viveza
ahora gobernaríamos en Andinia; Mariano Basante hizo todo bien en la política,
creó la Asamblea y planeó con detalle la toma, pero lo traicionó su ambición
por la plata; sino iba a Pacífico por el pago de la mercancía perdida no se
hubiera encontrado con las serpientes, eso fue una estupidez, morirse por plata
y perder el dominio de Andinia —por fin una pausa en tanta habladuría confusa
para Sabi—, pero tú, ¿cómo has estado?, a qué te dedicas ahora que la oscuridad
niega los básico: ¡callejear con tranquilidad!
La
verborrea de Jesús era intensa, sin indicios de dar fin.
—Te perdí la pista cuando entró la Asamblea, sin Mariano los que estábamos con el verdadero movimiento asambleísta, ¡los originales!, de esos sólo queda Miller, tuvimos que escondernos porque con Obdulio a la cabeza no iban a fusilar muy pronto, además con su inutilidad era vergonzoso estar con él; en lo único que atinó fue en Dioselina Martínez, lástima que su eterna mala suerte lo siguió hasta en el amor, después de la muerte de su padre se perdió dos años, creo que te acuerdas, y cuando volvió quiso casarse con la Martínez, pero ella ya salía con el forastero; Obdulio bebió semanas enteras después de conocer el embarazo de Dioselina; ¡juró vengarse!, yo estaba ese día en la tienda de Catalino, ¡si no es mía no será de nadie!, gritaba como loco, pero toda posibilidad de venganza acabó con la muerte de su amada, ahí escuché lo peor desde que tengo memoria y eso que no soy cosa buena: juró que se vengaría así tuviera que resucitar a Dioselina Martínez; pues ese maldito quiere cumplir porque me enteré de su aparición inesperada cuando Petrona regresó a Andinia después de quince años, tanto tiempo ha pasado desde los dos últimos nacimientos en Andinia: Petrona y Helena; talvez tres: las dos niñas y la oscuridad con su maldición.
Sabi
fingió toser para librarse de su amigo, pero este no le hizo caso, para colmo
de males en la esquina donde estaban el frio era intenso, en ese momento Álvaro
deseaba el calor de algún lugar sin atinar donde porque debido a las
prohibiciones los pocos negocios del pueblo estaban cerrados.
—¿Cuándo
terminará esto?, es una mierda la dictadura de la Asamblea; lo cruel es que
nadie parece molestarse, se acostumbraron a vivir bajo ese yugo, ¡maldito
pueblo arrodillado!, aunque un rumor se escucha por ahí, pero solo son
tonterías, no creo en el cuento de los jóvenes independentistas…
—¿Cómo
estás? —lo interrumpió, Sabi, alertado por el comentario de Jesús.
—Bien,
bien, llegué hace poco, estoy observando las cosas para ver si me instalo en Andinia,
aunque primero me toca medir si la Asamblea
me quiera cobrar el pasado; conozco a ese Miller, es un cabrón, pero manda y me
conoce desde los tiempos de Mariano Basante, al fin y al cabo fueron socios en
la creación de este monstruo, ¡claro que me conoce bien! —Jesús hizo una leve
pausa, meditabundo ante sus palabras— pero tú, ¿cómo estás?
—Bien —respondió,
Sabí, ditraído— yendo y viniendo por todas partes, ahora estoy en el almacén del
Turco, ahí hago uno que otro turno para sacar alguna plata, permanezco allá en
la zona comercial de El progreso casi todo el día —cuando terminó se sintió estúpido
por la cantidad de explicaciones dadas, no eran necesarias, pero estaba
preocupado por el interés inusual de Jesús por los jóvenes independentistas
como los había llamado.
—Eso me
dijeron, hay un lugar entre El progreso y Andinia donde comercian con libertad
todos los lados, ¡eso es una genialidad!, ya quiero ver en el mismo almacén a
la PJB, las FMA, los plateados y unos tales Blanco que todavía no conozco,
supongo que debe ser de alquilar balcón.
—No es
para tanto, es curioso no te lo niego, sin embargo, de esos tratos hay en
muchas partes.
—Sí, en
Pacífico se turnan el pueblo el Ejercito Armado del Pueblo, los del Movimiento
Julio 21 y los militares de esa zona; en eso estoy de acuerdo con Miller, todos
los desocupados que aspiran a llegar al poder con las armas se hacen llamar
ejercito del pueblo, movimiento popular, fuerzas de liberación o cualquier
estupidez como esas, ¿para qué?, desde que empiezan saben que no van a llegar
al poder de esa manera, sólo joden aunque no logren nada, de eso se trata su
vida, de joder a todos, matando y delinquiendo a gusto, en eso la Asamblea atinó a acabar con las
serpientes cuando entró; ojalá haga lo mismo con los plateados, aunque dudo
mucho porque dicen que los crearon ellos mismos para distraer al pueblo con la
idea de que van a llegar al poder por las armas, ¡estúpido pueblo!, si supieran
que los jefes son reclutados por la Asamblea para alienarlos; en todo caso debe
costar una buena plata mantener callados a los comandantes.
Álvaro
parecía entrar en un estado de somnolencia parado en medio del andén sin
entender los discursos de su amigo, desesperado por encontrar una buena forma
de librarse de Jesús Morales.
—Jesús te
invito mañana al almacén del Turco, allá hay unos buenos zapatos, por qué no
vas y te pruebas algunos, y mientras tanto seguimos recordando viejos tiempos,
por ahora mejor vámonos de aquí, hay mucha gente peligrosa en la calle.
—Si no
fuera porque tienes razón en lo de la gente peligrosa por ahí pensaría que me
estás echando, pero mejor vamos, no tiene sentido dejarse coger por esos locos
de la PJB.
—¿Te veo
mañana? —preguntó, Sabi.
—Bien, ¿pregunto
por el almacén del Turco, ¿verdad?
—¡Sí!, ahí
trabajo yo.
Sin más cuestiones los dos hombres se alejaron, Jesús esperaba sacar buenos dividendos del encuentro con su viejo amigo, Sabi se retiró a su escondite sin hablar con el padre Lucio, era mejor no delatarse.
Desde aquel encuentro a Álvaro le fue imposible librarse de Jesús al punto de tomar distancia de los Blanco por seguridad; envió mensajes a Vito y Teseo pidiéndoles alejarse de él por un tiempo, si me saludan o algo por el estilo este sinvergüenza empieza a preguntar y es muy sapo para arriesgarnos, les dijo cierto día, desde mañana somos desconocidos que nunca se han visto; cuando se conoció la noticia en la casa de la loma fue explicable la razón de Teresa Ramírez para prohibir la entrada de Álvaro a Villa Helena.
Transcurrido
un mes Vito empezó a preocuparse, había decaimiento entre los integrantes, se empezaban
a alejar peligrosamente, de hecho dos se unieron a los plateados, pero no
alcanzaron a contar nada de los Blanco, fueron dados de baja unos días después
por las FMA en sus escaramuzas periódicas en El Progreso; su muerte cayó mal
entre los Blanco, aunque sintieron alivio porque hubiera sido muy grave si la
PJB los atrapa vivos; por fortuna Helena encontró una forma de seguir con los
planes.
—No te
preocupes Vito, yo me encargo de los Blanco.
—¿Cómo?,
los veo muy decepcionados.
Helena sonrió.
A los dos
días convocó a una reunión, ahí delegó funciones, los reunió por parejas y les
pidió un mapa de la zona indicada.
—Este
trabajo es muy importante, pero a la vez muy peligroso, si uno de ustedes es
arrestado se lleva a los demás; para nadie es un secreto la brutalidad de las
PJB y por más amor a la causa que tengan sus torturas son espantosas para aguantarlas.
Aquella advertencia infundió en todos un ánimo especial y dejaron atrás sus dudas sobre la importancia de la comisión, así iniciaron inmediatamente su cometido; para entonces Vito no tuvo otra opción y aceptó, con aquella labor apareció nuevamente el interés por la causa y sobre todo la necesidad de mantenerse unidos, aunque no estaba de acuerdo con la tarea por considerarla inoficiosa, ¿para qué un mapa?, todos conocemos los rincones de Andinia, decía a Lucio en la sacristía; sin embargo, con el tiempo esos mapas dieron la pista suficiente para el golpe final.
Durante los siguientes dos meses los Blanco se dedicaron a mapear toda Andinia, no faltaron los sobresaltos por un posible arresto, pero no pasó a mayores; entre tanto, Álvaro seguía con la sombra de Jesús, le había sido imposible librarse de su insoportable amigo por eso planeaba irse de Andinia con algún pretexto, después regresaría oculto para planear el final definitivo de la Asamblea; un sábado de mercado estuvo esperando a Jesús para despedirse, pero nunca llegó, pasó una semana sin ninguna razón de Jesús hasta cuando escuchó sobre su desaparición, supuso cierto el cuento porque el mismo Jesús había confesado temer a las acciones de Miller cuando lo descubriera en el pueblo; unos días después de aparente calma Sabi volvió a reunirse con Teseo y el padre Lucio.
Álvaro se
enteró de la tarea impuesta por Helena a los muchachos, se molestó un poco por
el riesgo tomado innecesariamente, pero finalmente entendió la importancia de
la idea para mantener unidos a los Blanco; una vez terminada la reunión en la
sacristía él y Teseo se fueron a un cuartucho de El Progreso donde estaban
seguros para confirmar todo el plan, por su parte el padre Lucio se encontró
con Didier en la tienda de Catalino, ahí dejó un mensaje para Vito quien se
encargó de reunir una vez más a Arturo, Corocoro y Petrona quienes habían
estado ocultos en Luna Blanca; finalmente llegó el día de poner en
consideración las propuestas de Álvaro.
—¡Hola a
todos! —saludó, Teseo al grupo donde reconoció a los primeros Blanco y muchas
caras nuevas; un coro general saludo a Teseo ubicado en medio de la casa de la
loma— como saben Álvaro se alejó de nosotros para cuidarnos, pero llegó el
momento de reiniciar nuestras actividades y ahora con mayor fuerza que nunca
porque no hay marcha atrás, lo que se decida hoy será la ruta a seguir en el
futuro.
El
auditorio estaba en absoluto silencio, un vaho de ansiedad recorría todos los
rincones de la construcción, a su manera cada uno vivía el momento, temblorosos
algunos, con el sudor recorriendo la frente otros, mordiéndose los labios o
apretando su puños, todos de alguna manera imbuidos por el discurso claro de
Teseo.
—Lo
primero que tenemos que hacer es trasportar las armas, ya están listas; los dos
comerciantes aceptaron conseguirlas, pero no traerlas, las van a entregar en
Pacífico; tenemos que idear el plan para meterlas en Andinia y escoger a los
encargados…
—¡Pues
vamos todos!
No se
hicieron esperar las risas, hasta Teseo con su parca personalidad sonrió.
—¿Ir todos por las armas?, eso es muy peligroso y muy tonto—exclamó— quiero que entiendan una cosa, esto no es un juego, aquí se forja el futuro de Andinia, es hora de darle la importancia que merece a esta acción; ¿todos están seguros de lo que van a hacer?, yo pienso que no… parece que no recuerdan a Benjamín y Andrés, ellos cayeron siendo parte de los Blanco, no fueron atrapados y al otro día liberados por solicitud de sus padres o de Gumercinda o cualquiera de Luna Blanca, ¡no!, fueron acribillados sin compasión y eso le puede suceder a cualquiera de ustedes; si alguien es arrestado no volverá a su casa, ¡es definitivo!, y lo más seguro es que su muerte será muy dolorosa —explicó y guardo unos segundos de silencio— siempre nos acompañará la muerte en cada salida, tratamos con gente desquiciada, entrenada para defender la Asamblea como sea, utilizando cualquier método por perverso que parezca; muchos vamos a morir y eso tiene que estar claro para los que vayan a seguir en la causa, entramos en la parte final, ¡la difícil!, no en la seguridad de la casa de la loma, sino en el peligro de las calles de El Progreso, de La Marea, de Andina, por eso les pido, piensen esta noche y si están dispuestos a jugarse la vida por Andinia vuelvan mañana y continuamos con la reunión, por ahora mejor vayan a pensarlo, si alguien no viene será entendible, no todos están dispuestos a perder la vida por una causa aparentemente justa.
Ante el
silencio Didier tomó la iniciativa y salió, detrás de él los demás se fueron
sin emitir ningún sonido, se limitaron a despedirse con un leve movimiento de
la cabeza; pronto la casa estuvo desocupada, sólo Teseo seguía parado en la
mitad de la pieza.
—Es la
decisión más inteligente que podías tomar —se escuchó desde la puerta; Teseo se
asustó— afortunadamente te diste cuenta a tiempo del error de muchos de tus
soldados que parecían no entender la seriedad de esta causa.
—¿Por qué
dices eso? —preguntó, el muchacho.
—Los que
vuelvan mañana pueden luchar porque apuestan la vida, en ellos puedes confiar verdaderamente
y decidir tus movimientos claves para el futuro —expresó, Teresa, oculta por la
oscuridad de la noche.
Teseo
parecía agradecer su aparición, el sonido de esas palabras le infundieron una
tranquilidad inesperada; cuando salieron los Blanco un manto de duda se apoderó
de él, necesitaba un gesto de aprobación para sus palabras de alguien
influyente en los Blanco y especialmente en él; las palabras de aquella mujer
inexplicable fueron un bálsamo, distensionaron sus músculos y le produjeron una
leve sonrisa de satisfaccón; Teresa lo miraba fijamente, se había adentrado un
poco, su belleza dejó al muchacho vibrando.
—Al parecer ya entiendes tu papel entre los Blanco —dijo con severidad, dio media vuelta y salió en silencio; Teseo se sonrojó— ¡ahora ya puedes comandarlos!
La
oscuridad oculto a Teresa, al tiempo la leve luz mortecina de la casa de la
loma alumbraba el rostro aturdido de Teseo; de pronto volvió a oír la voz de la
mujer:
—Tengo una
mensaje para Sabi —dijo al alejarse— nunca
creas lo que ves por lo que los demás dicen, pero tranquilo, aún falta camino.
Teseo se quedó atónito, los acertijos que empleaba Teresa eran inesperados, aunque aprendió a confiar en ellos; quince años atrás había declarado que Villa Helena se abriría sólo a quienes quisieran liberar a Andinia y así fue; negó a Álvaro su ingreso a Villa Helena por seguridad con razón, ahora era necesario hablar con Sabi, es claro que está en peligro, murmuro cuando salía de la casa de la loma; iba pensando en la siguiente noche con la incertidumbre por la determinación de los Blanco, deseaba el regreso de todos, cuando algo se vino a su cabeza: qué quiso decir Teresa hace quince años cuando le gritó a Miller que después de su muerte y el triunfo de los Blanco, Helena se haría cargo de él; ¿al fin morirá la indestructible Teresa?, pensó y un estremecimiento recorrió su ser, algo perturbador, una ansiedad abrazadora en todo su cuerpo, un dolor incontenible en su pecho.
Desde ese
momento Teseo entendió que era el jefe de los Blanco y así se comportó.